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Una vez más, Bolivia ocupa el tercer lugar en deforestación

El problema de pérdida de bosques está alcanzando niveles críticos en Bolivia. A diferencia del chaqueo o la tala manual que se practicaba hasta hace poco, hoy en día los desmontes son altamente tecnificados. Se emplea maquinaria pesada de diversa índole, principalmente tractores de orugas encadenados entre sí por pesadas cadenas que arrastran por el bosque. El resultado es el desmonte a gran escala. En Bolivia, se desmonta a un ritmo de 800 hectáreas por día. Si la mancha urbana de la ciudad de La Paz fuera bosque, desaparecería en una semana. Santa Cruz urbano aguantaría no más de dos semanas.

Los datos del último año están disponibles desde la pasada semana. El informe especializado de Global Forest Watch (GFW) reporta que el 2022, Bolivia ocupa el tercer lugar entre los países del mundo con mayor pérdida de bosques tropicales primarios: 272.097 hectáreas de desmontes, sin contar las pérdidas relacionadas con los incendios forestales. Comparado con los datos del 2021, la deforestación se incrementó en 50%. Son datos desalentadores. Brasil se mantiene en el primer lugar, seguido por República Democrática del Congo.

Deforestacion2022

¿Por qué empeora el desempeño boliviano? Existen varias razones de fondo, por supuesto. Antes de abordar las principales, debemos tener en cuenta que el 85% de la deforestación nacional tiene lugar dentro del departamento de Santa Cruz. También se pierden bosques en Beni, norte de La Paz y otras regiones, pero siguen siendo marginales. La concentración de los desmontes en el territorio cruceño está estrechamente conectada con la ampliación agresiva de la frontera agropecuaria.

Entonces, la principal razón de los desmontes es el modelo de agricultura cruceña. El agro mecanizado crece necesariamente a costa de los bosques. La puesta en producción de nuevas tierras implica la conversión de los bosques a campos de cultivos, extensas tierras de pastoreo y grandes predios con pastos cultivados. La agricultura de monocultivos es incompatible con la agricultura diversificada, los sistemas silvopastoriles, la agroforestería y otros modelos de coexistencia entre áreas de producción y bosques. El modelo cruceño requiere planicies uniformes de cientos y miles de hectáreas para el uso de grandes maquinarias agrícolas e, incluso, avionetas de fumigación.

Otra razón de fondo, y conexa a la anterior, es la agroexportación altamente dependiente de la soya. El 49% de las tierras cultivadas de Santa Cruz está destinado a los cultivos de soya (2021). El negocio soyero atrae capitales, inversores y buscadores de ganancias fáciles y rápidas. El sector soyero es uno de los pocos rubros económicos más rentables de Bolivia. Además de los precios internacionales altos, el negocio soyero tiene grandes incentivos y privilegios económicos. Es el principal beneficiario del diésel barato y subvencionado y los medianos y grandes agropecuarios prácticamente están liberados de impuestos al valor agregado e impuestos sobre las utilidades.

El narcotráfico también está por detrás del desastre ambiental. No existen estudios a profundidad sobre el tema, pero existen más evidencias, pistas y señales. Debido a que el narcotráfico mueve más dinero sucio que en el pasado, ha crecido el lavado de dinero. En estas circunstancias, el agronegocio se convirtió en un rubro casi perfecto para el blanqueo de capitales. No es casual que los bienes decomisados estén principalmente en Santa Cruz o que estén compuesto mayormente por haciendas ganaderas, propiedades agrarias y tierras de soya.

Las causas de la masiva deforestación no terminan aquí. Existen muchas otras maneras de entender y abordar esta problemática. Por ejemplo, una manera de expandir el análisis sería prestar mayor atención a la degradación, descertificación, erosión y pérdida de fertilidad de los suelos. Tarde o temprano, la agricultura centrada en el lucro desembocará en millones de hectáreas de tierra improductiva y bosques degradados. En parte, los desmontes están destinados para reemplazar las tierras sobreexplotadas. Y lo peor es que las nuevas tierras habilitadas están en zonas no tradicionales que no tienen vocación agrícola, en consecuencia, se acelera el circulo vicioso deforestación-sobreexplotación-deforestación.

Ante la noticia de que Bolivia ocupa el indeseable tercer lugar en el ranking mundial de países depredadores de bosques, guardaron silencio, por igual, tanto el Gobierno de Luis Arce, la Gobernación de Santa Cruz, como los gremios agropecuarios. Es un silencio que intenta ocultar lo inocultable: las verdaderas intenciones e intereses de quienes predican falsamente que protegen la “Madre Tierra”, que promueven un modelo cruceño exitoso o que trabajan la tierra para cuidar de la seguridad alimentaria de los bolivianos.

 Gonzalo Colque, es investigador de la Fundación TIERRA.

 

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