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Un sueño acogido por la comunidad: tierra, pertenencia y agroforestería en la comunidad San Felipe

La región amazónica del norte de La Paz es un espacio territorial de biodiversidad y contradicciones. Un territorio de “gran potencial para el desarrollo sostenible”pero condicionado por desafíos históricos de acceso a la tierra, a la tecnología y a los modelos productivos. En este contexto, la historia de vida de la productora Magaly Quispe Coronel es un testimonio que refleja una transformación socioecológica posible donde el reencuentro con la naturaleza y la tierra se convierte en la semilla de un proyecto de vida resiliente y sostenible.

Comunidad San Felipe, compartiendo su experiencia de gestión territorial y desarrollo productivo

La llegada de Magaly a la región del norte paceño, por el año 2008, fue marcada por el desarraigo y el rechazo. “No me gustaba estar aquí… mi sueño era otra cosa, yo quería trabajar en un banco, quería estar en la oficina...”. Su narrativa inicial refleja una dicotomía clásica en las migraciones rurales donde la percepción del campo como un espacio de atraso se opone a la de la ciudad como lugar de realización personal y profesional.

“Claro, yo he venido más antes por el año 2008, cuando yo no sabía nada de la agricultura, ni siquiera conocía un monte, cómo era el bosque. Entonces, en ese tiempo yo he llegado aquí…”, relata Magaly sobre su llegada al norte paceño.

Este proceso fue posible gracias a un factor crucial: la acogida comunitaria. La Comunidad Agropecuaria San Felipe del municipio de Ixiamas no solo le ha proporcionado un espacio territorial (un recurso fundamental y escaso) para desarrollar actividades agrícolas, sino que le otorgó un sentido de pertenencia, un aspecto fundamental para repensar el sueño personal que tenía Magaly. “… ellos me han acogido desde entonces estoy viviendo como siete años” añade Magaly.

Como muchas de las personas que migraron al norte de La Paz, Magaly fue parte de la ola migratoria que inició en la década de los 70, cuando surgieron las propuestas de promover el desarrollo de la Amazonía del norte paceño inspiradas en el auge del modelo agroindustrial de Santa Cruz. En 1971 se fundó la Corporación de Desarrollo Regional de La Paz (CORDEPAZ), que fue la que, con acciones como la apertura del camino de San Buenaventura a Ixiamas, o el proyecto azucarero San Buenaventura (EASBA), impulsó un movimiento campesino y de desarrollo denominado “la marcha hacia el norte”.

Acceso a la tierra y diversificación como estrategia de soberanía y resiliencia

“Yo solamente tengo ocho hectáreas de tierra aquí en la comunidad y por eso tengo mi sueño de que una hectárea de mi parcela tenga el rendimiento de cinco (…). Mi sueño es seguir mejorando cada día. Aún sigo teniendo muchos sueños; quiero practicar una agricultura sostenible para que no me falte de comer principalmente”, afirma Magaly.

Este acceso a la tierra, aunque modesto, se convierte en la base material y primordial para el inicio de un nuevo sueño. Ella no solo busca productividad, sino la intensificación ecológica a través de técnicas y estrategias alternativas que sean amigables con el medio ambiente. La agroforestería, según la Fundación ECOTOP, es un enfoque de agricultura regenerativa y sostenible que integra estratégicamente árboles (forestales y frutales) con cultivos agrícolas y/o ganadería en la misma área, imitando los ecosistemas naturales para mejorar la salud del suelo, la biodiversidad, la resiliencia climática y la seguridad alimentaria, ofreciendo alternativas a la agricultura convencional sin depender de insumos externos.

El corazón del proyecto de Magaly está en la adopción de prácticas de sistemas agroforestales. Como lo explica con claridad: “Mi parcela tiene diversidad de plantas, porque el objetivo que tengo es cosechar todo el año entero… si la fruta de toronja ya no hay, tiene que haber otra cosa que pueda cosechar”. Ésta no es solo una técnica agrícola, es una estrategia productiva y económica de subsistencia profundamente racional, que tiene base en los principios del desarrollo sostenible que busca satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones. Este suceso implica un rompimiento con el modelo de monocultivo convencional que se promueve en el norte paceño principalmente desde el Estado.

Su parcela trabajada bajo el enfoque de agroforestería es un banco vivo de biodiversidad (toronja, limón, plátano, carambola, cacao, café…) que garantiza su seguridad alimentaria, como señala Magaly: “que no me falte de comer principalmente”. Además, esta forma de trabajar la tierra amortigua los riesgos climáticos y la diversificación genera resiliencia.

El conocimiento, puente entre la teoría y la práctica transformadora

El punto de inflexión en la relación de Magaly con la tierra fue el conocimiento. “Desde que he estudiado agroforestería, me ha empezado a gustar el trabajo con la tierra”. El proceso de “recolectar semillas del bosque” e “ir conociendo poco a poco, anotando” refleja la transición de una agricultura tradicional convencional a una práctica agrícola reflexiva sobre el uso de los recursos naturales. Magaly representa el ideal del diálogo de saberes, teoría propuesta por autores como Paulo Freire (1970) y Boaventura de Sousa Santos (2010), que plantea que el conocimiento técnico-científico se enriquece con los saberes locales y la experiencia del productor. Para Magaly la teoría adquirida sobre los sistemas agroforestales dejó de ser abstracta cuando pudo aplicarla y verla florecer en su propio “chaco”.

A esto se suma el poder de los intercambios de experiencias como un elemento vital en el sustento anímico y la motivación para buscar un cambio a través de un aprendizaje horizontal. Su participación en un intercambio de experiencias facilitado por la Fundación TIERRA en 2024 en la localidad de San Miguel de Huachi en el municipio de Palos Blancos fue algo revelador para ella. “He visto a otra hermana que tiene más grande su parcela diversificada, entonces eso me dio más aliento para continuar con el trabajo en mi parcela”. Estos espacios son fundamentales para construir capital social e innovación endógena. La implementación de iniciativas productivas exitosas surge de la comunicación, la confianza y la observación de prácticas exitosas entre pares. Magaly no solo se ha inspirado en un modelo productivo eficiente, sino en el logro concreto de una persona, lo que le ha permitido reforzar su identidad y ambición de seguir creciendo como persona: “yo voy a seguir sembrando; eso es mi sueño”.

Comunidad San Felipe, visitando la parcela de Lilian Molina, San Miguel de Huachi

La historia de Magaly Quispe es un poderoso testimonio sobre la transformación social y ecológica. Su trayectoria desde el rechazo inicial hasta la afirmación “ya no quise irme de aquí” simboliza una reconciliación profunda con el territorio.

Su historia es también parte de una historia más amplia, la de la lucha por el acceso a la tierra en comunidades indígenas y campesinas en la Amazonia del norte de La Paz, que desde la última década están bastante más articuladas al mercado gracias al impulso de programas gubernamentales de incentivo a la producción agropecuaria, como por ejemplo el cultivo de maíz, arroz, trigo, soya; y la cría de ganado bovino, entre otros. Esta situación ha generado una serie de riesgos socioambientales que se han visto agravados por la crisis climática vigente y que son la causa de los incendios forestales que durante 2023 y 2024 asolaron la región.

Por ello, el testimonio de Magaly representa un modelo emergente y esperanzador para el norte de La Paz, porque, desde su parcela diversificada, construye soberanía alimentaria y conserva la biodiversidad natural. Su sueño ya no es escapar de la tierra, sino florecer con ella, tal y como Magaly sintetiza con la frase “seguir mejorando cada día”. En ese mejorar diario, en esa parcela viva y productiva, se encuentra su sueño personal, ahora enraizado en la Comunidad Agropecuaria San Felipe.

Raúl Fernández, es Técnico Regional Altiplano de la Fundación TIERRA.

 

 

 

 

 

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