La Ley del oro: billetes que huelen a tinta fresca y sus consecuencias

En los dos últimos años, el Banco Central de Bolivia (BCB) ha comprado más de 23 toneladas de oro a los cooperativistas mineros, en el marco de la Ley 1503 del 5 de mayo de 2023, supuestamente para “fortalecer las reservas internacionales”. Pero la historia real es otra. Todo ese oro fue vendido al exterior por un valor estimado en 1.800 millones de dólares. Esta monetización no fue un giro improvisado, sino parte de un plan cuidadosamente encubierto para conseguir los dólares que el gobierno desesperadamente necesita.

Para el gobierno de Luis Arce, la Ley del oro es uno de sus mayores aciertos y logros. Incluso algunos analistas y políticos de la oposición piensan lo mismo: creen que fue una jugada “ingeniosa” para obtener divisas en tiempos de crisis. Sin embargo, lo que parece razonable y pragmático, en realidad, es una bomba inflacionaria con efectos ya palpables.

El problema de fondo es concreto: el BCB está imprimiendo demasiados bolivianos para comprar ese oro. En promedio, más de 6.200 millones de bolivianos por año. Esto explica que, en 2023, la emisión monetaria haya crecido en más de 10.700 millones de bolivianos, un salto del 19% con respecto al año anterior. Para dimensionarlo, 6.200 millones puestos en circulación cada año, alcanza sobradamente para pagar por un año los sueldos y salarios de toda la Policía Boliviana y las Fuerzas Armadas.

Ahora bien, emitir dinero para comprar oro no es, por sí solo, una locura. En ciertos contextos y momentos, las políticas monetarias expansivas pueden ser útiles para estimular la economía, siempre que se apliquen con cautela. Si las compras fueran moderadas, digamos unas dos toneladas anuales, nadie tendría razones para cuestionar.

Lo cuestionable es la escala actual de las operaciones. Inyectar 6.200 millones de billetes que todavía huelen a tinta fresca equivale al 56% del valor de exportación de gas natural o al 90% de soya y derivados. ¿El resultado? Aumento de billetes a un ritmo mayor que el crecimiento económico, lo que inevitablemente se convierte en inflación. Lo que sigue es conocido: escasez de productos y aumento generalizado de precios.

Es decir, el dinero sin respaldo real se ha convertido en el principal factor de presión para el alza de precios. Pero, como era de esperar, las autoridades niegan este hecho. En los discursos, informes y memorias oficiales, la inflación es culpa de un misterioso “boicot interno”, paros y bloqueos políticos, especulación y agio en los mercados.

Eso no es todo. A los efectos inflacionarios se suman impactos negativos de igual o mayor alcance a mediano y largo plazo. El BCB ha vendido todo el oro que compró. En lugar de cumplir la Ley 1503; esto es, fortalecer las reservas de oro, los dólares terminaron financiando el déficit fiscal y, sobre todo, la importación de combustibles subvencionados. En los hechos, se desvirtuó la razón de ser de la ley. El oro no está en las bóvedas, y los dólares tampoco.

Esta jugada no solo es altamente riesgosa, sino profundamente contradictoria: se está usando recursos extraordinarios para sostener un modelo económico ya en crisis. En lugar de corregir los desequilibrios estructurales con la compra del oro, se está profundizando la dependencia del gasto público y las subvenciones insostenibles.

En resumen, el dinero emitido por el BCB está acelerando los efectos inflacionarios y ahondando la crisis económica, porque los dólares se usan para financiar gasto y el oro no permanecen como reserva. Aunque los informes del BCB están repletos de formalismos como “en estricto cumplimiento de lo establecido en la ley”, lo cierto es que monetizaron hasta el último gramo de oro comprado. Y aunque contablemente esté registrado como activo de respaldo, en la práctica, esos fondos ya fueron gastados.

La ley del oro fue concebida, desde un inicio, como una forma de maquillar la crisis económica estructural. Y los efectos de imprimir billetes sin respaldo son los de siempre: inflación, distorsión de mercados y un paso más hacia la inestabilidad económica.

Gonzalo Colque es investigador de la Fundación TIERRA.

Artículo publicado en: Visión 360, Brújula Digital, Rimay Pampa, Urgente.Bo, Sumando Voces

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