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Crecimiento económico sin filtros

A estas alturas, no hace falta ser vidente ni experto en economía para darnos cuenta de que se aproximan tiempos difíciles y más desafiantes que lo que ya estamos atravesando. Los precios al consumidor siguen escalando, los costos de producción causan dolores de cabeza y el dólar paralelo parece tener vida propia. Todo indica que estamos tocando fondo… aunque, en realidad, la crisis recién comienza a expandirse y no hay solución a la vista.

 

Así lo reafirman las proyecciones publicadas esta semana por dos organismos internacionales. Para el 2025, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un crecimiento económico de apenas 1,1 %, y el Banco Mundial (BM) mejora tímidamente a 1,2 %. Ambas cifras son revisiones a la baja. Para el 2026, el FMI anticipa un crecimiento de tan solo 0,9 y un 1,1 % según el BM. En otras palabras, estamos en una zona gris entre el estancamiento y la recesión.

Como era de esperarse, el gobierno descalificó ambos reportes, apelando a un argumento desgastado y repetido hasta el cansancio: que en reiteradas ocasiones, estos organismos han subestimado el verdadero desempeño de la economía nacional. En parte, tienen razón. Para el 2023, ambos organismos coincidieron al proyectar un 1,9 % de crecimiento, pero la cifra definitiva alcanzó un 3,1 %. El margen de error fue de 1,2 puntos porcentuales. Para el 2024, no podemos hacer el mismo ejercicio debido a que los informes oficiales siguen sin aparecer.

Pero lo que no dicen las autoridades es que ellos también fallan en sus proyecciones y de la peor manera posible. Cada año, al momento de planear el Presupuesto General de la Nación (PGN), el gobierno sobreestima el crecimiento económico con una confianza impresionante. El 2023, anunciaron un crecimiento de 4,9 % que, comparado con el 3,1 % definitivo, arrojó una diferencia de 1,8 puntos porcentuales. Para el 2025, calcularon un 3,5 %, lo que está muy lejos del 1,1 %-1,2 % proyectado.

Está claro que los economistas del gobierno no tienen bolas de cristal, pero cuando los márgenes de error se vuelven sistemáticos —y siempre sesgados en la misma dirección— dejan de ser errores y pasan a ser manipulaciones politizadas. En economía, las decisiones requieren planificación anticipada. No es como manejar una bicicleta que se puede maniobrar en segundos, sino una locomotora pesada que, para cambiar de rumbo y velocidad, necesita kilómetros de anticipación. Por eso, las estimaciones mesuradas son mucho más útiles que los cálculos sensacionalistas.

Tanto las proyecciones como los datos oficiales parecen diseñados no para informar, sino para acomodarse a los intereses del gobierno de turno. El Instituto Nacional de Estadística (INE) es un órgano “técnico” e “independiente” en los papeles, pero en la práctica funciona como una oficina de efectos especiales. No hay otra forma de explicar por qué algunos indicadores —crecimiento, ahorro, inversión— aparecen inflados, mientras que otros —inflación, devaluación, pérdida del poder adquisitivo— milagrosamente se achican. El instituto cumple la misma función que los filtros de TikTok: aplica efectos ilusorios para embellecer y realzar aspectos deseables de una realidad malograda.

Lo más preocupante es que este tipo de manipulaciones no son patrimonio exclusivo del oficialismo. Estos días, los candidatos que se llenan la boca criticando al Movimiento Al Socialismo (MAS) no solo replican las mismas mañas, sino que las llevan al extremo. Las cifras infladas del gobierno parecen hasta modestas, al lado de algunos planteamientos. Rodrigo Paz, por ejemplo, sin pestañear, desacredita la promesa de “100 días, carajo” de Samuel Doria Medina, asegurando que él puede sanear la economía “en un día”.

Es decir, las proyecciones que nos muestran un futuro desalentador, no solo deberían servir para criticar al gobierno de Luis Arce, sino que también deberían ser un punto de partida para exigir altura y seriedad a los candidatos. Si los pronósticos están en torno al 1 %, ¿cómo piensan materializar sus promesas de crecimiento económico del orden del 5 %? Hace algunas semanas, un periodista avispado dio un paso en este sentido. En una entrevista radial, le pidió a Manfred Reyes que explique en concreto y sin rodeos en qué consiste su fórmula mágica para pasar de la crisis a la “Bolivia rica”. Su respuesta fue tan reveladora como inquietante: “Yo sé cómo hacerlo, no te preocupes de eso. Ya vas a ver”.

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